The Seoul Performing Arts Center, DIEGUEZ FRIDMAN arquitectos & asociados

Concurso internacional de ideas: ‘The Seoul Performing Arts Center
Propuesta del estudio argentino DIEGUEZ FRIDMAN arquitectos & asociados, julio 2005

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Al asistir a un concierto, una experiencia mucho más rica y más amplia que la estrictamente musical se presenta al espectador: el entorno físico, al mismo tiempo que la atmósfera social, genera un conjunto de sensaciones y emociones que crea resonancias, ecos, procesos de iteración, refuerzo u oposición con respecto a las emociones producidas por el espectáculo en sí mismo. Escuchar una determinada pieza musical puede constituir una experiencia completamente diferente en distintas ciudades, salas de concierto, épocas, e incluso en distintas funciones de los mismos músicos y en la misma sala.

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Concurrir a un concierto implica un complejo juego social en el que uno mismo es observado mientras mira, a su vez, a otros que escuchan la música o llegan al concierto, como en un complejo juego de espejos o en una pintura barroca. Durante el transcurso de los siglos XIX y XX, los edificios destinados a albergar manifestaciones artísticas montaron este juego de diferentes maneras, partiendo de permisas determinadas, tanto ideológicas como políticas; la amplitud de planteos posibles puede observarse, por ejemplo, en las dos óperas de Paris: la reciente restauración del edificio de la Opera Garnier y la Opera Bastille de 1980.

Nuestra propuesta para The Seoul Performing Arts Center intenta celebrar esta experiencia voyeurística del edificio de conciertos, al tiempo que incorpora nuevos elementos que contribuyen a enriquecer la vivencia de asistir a un espectáculo considerada en su totalidad: por un lado, percibiendo todo lo que está involucrado en la producción de una ópera o de un concierto, y, por el otro, interactuando con el paisaje que rodea al edificio.

Los teatros de Ópera tradicionales están claramente divididos en dos áreas separadas: una pública, dedicada a la representación del concierto, y una privada, donde se lleva a cabo su producción. De hecho, podemos pensar en los más famosos teatros de Ópera del siglo XIX como si estuviesen constituidos por dos edificios vinculados entre sí mediante el escenario. Brevemente descriptos, uno es la puesta en escena de múltiples juegos: estilos y órdenes arquitectónicos, materiales y decoraciones, espacios interconectados a través de majestuosas escaleras, jerarquías sociales y voyeurismo. El edificio de la producción y la fabricación, por otro lado, permanece como una compleja red de talleres y corredores, con poca o sin ninguna conexión con el mundo exterior, escondite de fantasmas en la imaginación de los escritores del siglo XIX. El resultado es un edificio donde todas las actividades diarias (ensayos, diseño y construcción de escenografías, etc.) se desarrollan en tiendas cerradas, mientras los más grandes espacios permanecen reservados para ocasiones excepcionales.

Nuestra propuesta intenta celebrar tanto la producción del concierto como el desarrollo del mismo, como se puede observar en la volumetria del edificio, donde los halls principales, las pequeñas salas de teatro y salas de ensayo, los talleres y las oficinas constituyen una serie de volúmenes unidos e interconectados que exponen estas actividades de una manera no jerarquizada. La Opera House y el Concert Hall vuelan sobre el extremo oeste de la isla, logrando que los eventos principales sean visibles desde los bancos del río y desde el Broadcasting Center. En otra escala, talleres, oficinas y salas de ensayo se proyectan en diferentes direcciones, permitiendo que estas actividades también puedan ser observadas por las personas que cruzan el río a través de los dos puentes. De este modo, además de proponer una nueva manera de expresar el carácter de un centro de representaciones artísticas, la vida y el uso diario del edificio son privilegiados con la mejor iluminación natural y las mejores vistas, generando un reconfortante entorno de trabajo para músicos, bailarines, artesanos y administradores por igual; y todos estos espacios se vuelven parte de la experiencia del edificio en los días de eventos artísticos.

Imágenes gentileza > DIEGUEZ FRIDMAN arquitectos & asociados

http://www.dieguezfridman.com.ar/

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MI OPINIÓN

Nosotros, los seres humanos, tenemos una inexplicable necesidad de mirar, de observar hasta el más mínimo detalle de los procesos en general. Solo hay que recordar las visitas que hacíamos cuando niños a las diferentes fabricas de producción, para nosotros es toda una experiencia el observar cada uno de estos pasos. Yo hasta solo hace un año fui a la Cervecería Modelo ha observar el proceso de la fabricación de la cerveza, y quede atónita y feliz al mismo tiempo.

Exactamente esto es lo que ofrece esta propuesta el hecho de observar como se produce algo tan maravilloso como es el arte, en éste aspecto, auditivo.

Así como tener en cuenta el hecho de que la experiencia de vivir un concierto no solo se remite a la parte auditiva, ya sabemos de antemano que estos lugares están construidos perfectamente para una mejor experiencia auditiva, sin embargo, la parte visual complementa la experiencia de una manera fabulosa. Sino por que la mayoría de los espectáculos que más nos sorprenden manejan todo éste aspecto de manera fantástica. O acaso quién podría decir que el Cirque du Solei sería lo mismo sin tanta acción al mismo tiempo y con todos esos maravillosos colores.


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